miércoles, 6 de agosto de 2014
Un Lugar Llamado Minas Gerais
Hay cosas que no esperas revivir, y que no deseas presenciar, muchos datos históricos de los que hablan los grandes que son solo para mentes añejas, a los pequeñitos de nuevas generaciones no les esta permitido presenciar ciertos sucesos trágicos.
El estadio Mario Filho es un templo que vio la pompeyica caída del imperio Brasileño, hace mas de 50 años. Todos sabemos la historia, hemos escuchado los relatos una y otra vez, siempre son las mismas voces contándolo diferente.
Lo que ocurrió, sin embargo, el pasado martes 8 de Julio en Belo Horizonte se volverá una leyenda personal, propia de todos los que estuvimos presentes
aquel día. Que sirvan pues lugares como estos, como un receptor para plasmar nuestras imágenes e ideas antes de que se vuelvan difusas y nos traicionen sin saberlo ni quererlo. Antes de que queramos agregarle anotaciones personales.
No lo hagan,por favor.
La tragedia de Minas Gerais, nos tomo por sorpresa, un terremoto confuso que nos volvía soñolientos, todos nuestros sentidos se percibían ilusorios, un sistema de autodefensa ante algo que nuestra mente se negaba a admitir.
Era cierto, aquel Brasil era una promesa eterna, era un gigante sostenido con cables de buque, tarimas de hierro y mucho helio. Era el peor Brasil de la historia. Aun así, en ningún lugar de nuestras mentes mas salvajes se habría podido preconcebir un resultado similar.
Alemania salio a dinamitar, salio a comer la carne del rival y brindar a su costa, salio a proclamar Mineirao una capilla mas de rezo teuton.
Seguía Rio.
Brasil era un espejismo, 11 bufones vestidos con los ropajes sagrados del Scratch, una broma, un truco publicitario de algún medio Argentino enfurecido. Era una parodia en casa.
Sus balones no tenían sentido, si acaso llegaron a tener rumbo, el balón mismo se encargaba de rebelarse, de negarse, de ir a las manos de Neuer o al graderío.
Era como si el Futbol estuviese furioso y resentido con los Brasileños, con la traición a sus tradiciones, la del carnaval y la fiesta traducidos en deporte, enfurecido con la soberbia de su técnico, con su obstinidad y su caracter taimado.
El balon era celoso, no dispuesto a tolerar los altibajos emocionales del otora rey del mundo.
El eferico ya se encontraba enamorado de Alemania, de sus toques y su carácter colectivo, parecía que quería un gol por jugador, quería pasar por cada uno de los pies del nuevo equipo de sus amores.
Al final la tragedia fue la peor de la historia, Brasil moría, y lo merecían.
La tragedia del Maracana había sido una guerra que no habían podido ganar, una batalla de dos con un final inesperado. La tragedia de Minas Gerais,sin embargo, había sido una profanación, una humillación, la peor de las pesadillas. Algunos sintieron nostalgia al recordar a aquellos heroes malditos que sobrevivieron ese avionazo radiofonico conocido como Maracanazo, su injusta suerte, y la necesidad de encumbrar el termino Mineirazo al diccionario folclorico de la localidad.
Germania le dio un tiro piadoso en la frente al futbol Brasileño y lo puso a dormir por cuatro años, de ellos depende regresar, revivir, o reencarnar como una selección inofensiva que vive de un pasado muerto. Solo de ellos.
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